Labraza

  • Autor de la entrada:
Labraza

Este pequeño pueblecito medieval, poco conocido en comparación con otras localidades de la Rioja Alavesa, constituye una sorpresa muy agradable para el visitante. Fundada a finales del siglo XII por el rey Sancho VII de Navarra, en el contexto de las guerras territoriales con Castilla, Labraza fue, junto con Laguardia, una de las pocas villas de la zona que permanecieron adscritas al reino navarro durante toda la Edad Media, hasta su anexión definitiva a Castilla en la segunda mitad del siglo XV.

Labraza conserva hoy su aspecto de plaza fuerte, encaramada en lo alto de un cerro a 680 metros de altitud, con torreones, murallas y una puerta de acceso porticada. El recinto amurallado es el más pequeño de todas las villas medievales vascas, y consta de tres únicas calles: la de la Concepción, que enlaza la puerta de entrada con la plaza de la iglesia, y las de San Miguel y San Roque, semicirculares, que se adaptan a la superficie irregular del cerro. Las casas de piedra construidas en el interior forman pasadizos y callejas, y utilizan con frecuencia las antiguas murallas como paredes exteriores, en las que los vecinos han practicado ventanas. Pueden verse desde los paseos Félix Garay y Fuente del Moro, que en la actualidad circundan todo el perímetro.

La mayoría de las viviendas se remontan al siglo XVI y tienen puertas de entrada de piedra de sillería, con sólidos arcos de medio punto. Del XVI data también una estela conmemorativa tallada en una pared de la calle Concepción, que recuerda a Pero Ferrand, un clérigo del pueblo asesinado en 1522. La iglesia de San Miguel fue levantada en el mismo siglo pero se remodeló con posterioridad. La torre es barroca, del XVIII.

Uno de los rincones más atractivos de Labraza se encuentra fuera del recinto amurallado. Descendiendo unas escaleras de piedra se accede a la Fuente del Moro, que data del siglo XIV y todavía sigue dando agua. La fuente está excavada en una de las laderas del cerro y protegida por una bóveda apuntada de piedra de sillería. A la entrada del recinto hay dos sencillos arcos góticos, y en el caño, un rostro tallado. Se dice que este lugar contó con un pasadizo secreto que comunicaba con el interior de la villa y garantizaba la provisión de agua en caso de asedio.

Una vez recorrido el pueblo, merece la pena disfrutar de las vistas panorámicas que brinda la zona del pórtico de entrada, con viñas, almendros y campos de cereal. Desde el paseo Félix Garay se puede contemplar el Pinar de Dueñas, un gran bosque de pino carrasco.

DISTANCIAS:
A 19 kilómetros de Logroño, 25,5 km de Laguardia, 9,7 km de Oyón y 9,7 km de Viana.

Deja una respuesta